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miércoles, 14 de marzo de 2012

OSCAR, ERECCIÓN Y CALOR.

OSCAR, ERECCIÓN Y CALOR.

Hola una vez más, me da mucho gusto retomar hakuna matata como la vía de expresión propia y por tanto solo de mi entera responsabilidad. Apenas acabando febrero, me encontré una vez más con la entrega de los premios Oscar de la academia de ciencias y artes cinematográficas de los Estados Unidos, ciertamente me precio de ser un asiduo seguidor de la entrega y de las ganadoras, cuento entre mi colección de pelis, casi 70 ganadoras a mejor película y muchas otras de mejor actor o actriz, mejor película extranjera, mejor película animada y mejor documental, pero este año la entrega me pareció –por así decirlo- simplona, sin “chistito”, muy a pesar de que entre las nominadas estaba una de mis nuevas películas favoritas, “la invención de Hugo Cabret”, siento que la inercia se apoderó de los Oscar, no solamente porque una película que me parece mucho mejor que la ganadora, no haya ganado, sino porque la producción estuvo carente de esa magia y esa imaginación que me atrajeron desde niño.



Muy cerca de mí y lejos de los Oscar, apenas iniciando marzo, tuvo lugar la ceremonia cívica que más espero, la que más disfruto, la que representa y significa tanto para mí como persona y como mexiquense: el aniversario del Estado de México, a la que hemos dejado de llamar erección, no sé por qué razones, pero el vocablo está en desuso, al menos en el tema del festejo. Todavía recuerdo la primera vez que asistí a una ceremonia de entrega de la presea Estado de México, también recuerdo muchos discursos memorables de gobernadores que en esa oportunidad, hacen uso de su mejor oratoria y convierten el acto en una especie de foro al que muchos esperamos con altas expectativas. Esta vez no asistí.



A ambas ceremonias se acude en calidad de 3 supuestos: autoridad, premiado o invitado, aunque también están ahí los organizadores, ambas generan altas expectativas entre quienes tienen intereses particulares, o como en mi caso, porque representa una pasión, por un lado personal y por otro cívica; del modo que sea, en las dos celebraciones, se vislumbra cada ocasión la posibilidad no solo de mejorar la forma sino de hacer más profundo el fondo, sin embargo también de vez en cuando hay celebraciones que brillan más que otras, que resultan más trascendentes, atractivas y memorables.



Humanamente es entendible que en muchas ocasiones nos acordamos de lo peor, así como recuerdo las veces que no ha ganado mi película favorita el premio Oscar y difícilmente recuerdo con detalle aquellas entregas que me complacieron satisfactoriamente; en el caso de las ceremonias del 2 de marzo, opuestamente a la costumbre humana, recuerdo con orgullo y satisfacción la ceremonia de 1998, como el más grato recuerdo, a pesar de que guardo en mi memoria múltiples detalles de otras tantas ceremonias de aniversario.



Algo similar pasa con casi todo en la vida diaria, desde una cotidiana ida a la escuela o al trabajo, hasta la asistencia a una fiesta, un evento, una cita o un encuentro íntimo, a pesar de que estamos conscientes de que cada oportunidad es única, a pesar de lo cotidiana que parezca, muy de vez en cuando la desaprovechamos y pasa a formar parte de la inmensa lista de lo que no recordamos, salvo cuando algo nos disgusta ofende o lastima, porque en ese caso el recuerdo seguramente será permanente.



Finalmente, la esperanza de nuestros esfuerzos es que lo que hacemos trascienda, cada cosa, cada momento, cada tarea, cada reto, debe ser una oportunidad de que todo venga mejor, así la próxima entrega de los Oscar, la próxima celebración del estado, serán mejores que la anterior.



Por las mismas anda nuestro proceso electoral, que no debe tener más atributos que los de legal, con todo lo que implica, participativo, lo que da certeza y ejemplo de una sociedad interesada, a pesar de todo; en este caso, la forma y el fondo tienen la misma medida, lo que merece que todos nos pongamos a la altura de las circunstancias, es una oportunidad única, simplemente porque se nos presenta la ocasión de decidir sobre el rumbo de nuestro futuro como país.



Parece cosa menor si consideramos que nuestra clase política nos ha quedado mal tantas o más veces como la selección mexicana de futbol, de cualquier modo, nuestra responsabilidad es participar, aunque al final no nos guste quien ganó, en este evento, a diferencia de los referidos en este hakuna, no somos invitados, somos organizadores.



PD.



El calor es apenas el prólogo de lo que nos espera en los próximos meses, me refiero al clima, desde luego, y no al ambiente político y electoral porque ese parece frío, pero está que arde.




@gusvazquezlopez

También en facebook, búscame como Gustavo Vazquez Lopez.

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